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28 AGOSTO 2015
“La Fiesta del Diablo de Tijarafe”: el fuego y la Virgen
Cartel de las Fiestas de Tijarafe

Fiesta del Diablo de Tijarafe
La Palma
, 7 de septiembre

Tiene ya 92 años la “Fiesta del Diablo de Tijarafe”, un evento original copiado en muchos pueblos de este archipiélago, lo mismo que sucede con el día de los Indianos del carnaval palmero. La víspera de la fiesta de la Virgen de Candelaria, el 7 de septiembre, de madrugada en la pequeña plaza del pueblo se monta un jolgorio. Tijarafe es un pueblo que guarda las tradiciones y por eso un joven embutido en una carcasa pesada recorre el lugar expulsando voladores, bengalas, chispas de fuego, y la gente baila sin parar. Esta fiesta, que sin duda nos recuerda los ritos levantinos de la pólvora, fue ideada por gente del lugar allá en 1923 y desde entonces no ha cambiado en su esencia. El Diablo plantea un desafío que siempre es repelido por la presencia de la Virgen. Al final acepta su derrota y se retira mientras repican las campanas y la gente se divierte hasta el amanecer.

El Diablo, en la plaza, con su derroche de fuego y su estruendo, vendría a ser una imagen de los terrores del infierno, de ese panorama dantesco que aguarda a los pecadores sin remedio. Pero este Diablo que nos manda tantas tentaciones es un Diablo juguetón con ojos enrojecidos que fuma un puro, que lleva un pendiente, que invita a bailar… Es tan seductor que los jóvenes descamisados desafían el chisporroteo de su cuerpo acercándose demasiado, y tiene que haber un cinturón de protección para que los chicos con ganas de juerga no tiren al suelo a este Diablo tan vacilón.

Debido a nuestro mestizaje, los canarios somos un pueblo con temperamento mágico: abundaron los curanderos, las barajeras y las brujillas que practicaban la magia blanca o magia de sanación. Manejaban con habilidad las plantas medicinales, ejercían la adivinación y curaban el mal de ojo y los males del cuerpo a base de rezados, frotaciones, aceites, infusiones de yerbas del monte. Somos animales racionales, pero sometidos a un cuerpo, a sus exigencias fisiológicas y a sus tentaciones.

Así, el Diablo representa el lado perverso de la condición humana. No somos ni malos ni buenos por naturaleza pero para algunos el Diablo personifica todo lo malo: la desgracia, las epidemias, el cambio climático, las guerras, los crímenes de los psicópatas, la mafia italiana y todas las mafias, hasta el enriquecimiento de algunos políticos o los abusos de poder de los bancos que desahucian a quienes no pueden pagar una hipoteca por quedarse sin trabajo. Dios y su antítesis, el Diablo, están dentro de nosotros igual que la bondad y la perversidad, la violencia y la compasión, la fealdad y la belleza, la paz y la guerra.

Información:
www.tijarafe.es
 



Categorías: Tradiciones

Luis León Barreto
Luis León Barreto
Escritor e Hijo Predilecto de La Palma
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